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HASTA QUE LA MUERTE LAS SEPARE

HASTA QUE LA MUERTE LAS SEPARE
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Los días de Josefina han transcurrido entre los campos de algodón de Pinotepa de San Luis. Para ella, sería imposible la vida de otra manera. Cosecha, prepara y urde. La rutina contiene el entusiasmo de sus raíces y autonomía.

 

En el estado de Oaxaca habitan más de 163 especies de algodón. Una de las variedades más extrañas y antiguas es la denominada coyuchi o coyuche. Su nombre proviene del náhuatl Coyohixcatl que significa “color coyote”.

 

La especie prehispánica de color café perdió importancia en la época industrial debido a que las filaturas de las máquinas textiles no funcionaba con las fibras cortas y finas del coyuchi. El uso de este algodón es exclusivo de algunas comunidades de artesanos que conocen los procesos para crear hilos de una calidad inigualable.

 

 

Josefina Gonzáles Merino preserva la tradición del coyuchi en su comunidad. La educación que recibió con el esfuerzo de su madre trasluce en su tenacidad por ser económicamente independiente. En su casa no se reciben programas de gobierno ni ayudas de ningún tipo; se vive con sudor y sacrificio para comer y vestir.

 

Sus hijos recibieron la misma educación. Es una familia bilingüe que lucha por sobrevivir en un mercado que subestima la mano de obra artesanal y el proceso agotador que implica cosechar, preparar y crear.

 

 

Para que un huipil llegue a su estado final, es necesario limpiar el algodón y sacar la semilla. Josefina nos cuenta que, posteriormente, se hacen rollos de hoja de plátano y, sobre ellos, se coloca el petate para preparar el algodón. Con cuatro horquetas largas, se golpea el algodón hasta lograr una cierta aglutinación de la fibra. Una vez concluido el proceso, se estira manualmente para colocarla en el malacate. Ahí, se enrolla hasta que se obtiene un hilo de una finura y color singular.

 

Ya que se obtiene el hilo, en algunas ocasiones se tiñe con elementos obtenidos de la naturaleza o se deja en su estado natural. Es ahí cuando las hilanderas lo incorporan a su telar de cintura para crear diseños únicos que tardarán varios meses en estar listos para la venta.

 

“Con todo el gusto y el corazón, hasta la muerte dejaremos de trabajar”

 

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